lunes, 28 de mayo de 2012

A PROPÓSITO DE LA JIGUERILLA

El espíritu popular va conformando a través de leyenda y fabulas que emanan de sus tradiciones y costumbres, su pequeña historia, que a veces, pasa por cierta, a pesar de que no se sustenta en realidades fidedignas.


Incluso a la consolidación de estas leyendas, contribuyen voluntariosos cronistas que no reparan en apoyar sus tesis en la fantasía popular, o bien beben de fuentes originarias de autores precedentes que prefirieron inspirarse en la musa Polimnia antes que en Clío, y no dudan en presentarnos como verdad lo que tan sólo es fabulación asentada en la memoria común.

Todos conocemos la versión popular del origen del vocablo “Jiguerilla”, usado en Pozoblanco para referirse a los arrestos municipales, y sin embargo, no creo que el nombre provenga de aquella tan celebrada higuera que, se supone, crecía a la vera de estos calabozos, entre otras razones porque el significado  semántico que le otorgamos excede de nuestro ámbito geográfico y se usa, con idéntico sentido, en amplias zonas de la campiña cordobesa; es usual oírlo en Montilla y pueblos aledaños.

La palabra con el significado que nos ocupa, trae su origen en la jerga empleada por los manteses cordobeses, parientes, entre otros, de los picaros del Zocodover toledano, padres de los lanceros murcianos y ascendientes de los golfos madrileños, cuando aún campeaban a sus anchas por la plaza de la Corredera, en los prolegómenos del siglo XIX.

 Ahora bien, toda mutación semántica trae un acaso antes que un origen, también la que afecta a las palabras usadas en las germanías y que son empleadas con propósito de diferenciación  para que resulten incomprensibles a las personas ajenas al grupo. Pudiera ser que el sentido que se le otorga al citado vocablo por la gente del bronce esté vinculado a la acepción recogida en el DRAE, de la frase “estar en la higuera”, esto es: estar en Babia, no enterase de nada, o bien recurriendo al argot deportivo y más moderno: estar en fuera de juego. 


¿Y  dónde   estarían  los  pillastres  cordobeses  más en    fuera    de  juego   que   sufriendo   un   arresto? No sería pues descabellado, suponer que “estar en la higuera” significaría para los buscones de la ciudad de la Mezquita, estar detenido.
           



Pío Baroja, quien cuida en extremo de la verosimilitud de los ambientes en los que transcurrían sus obras, en su novela publicada por primera vez en el año 1905, La feria de los discretos, cuya acción transcurre en la Córdoba de la época, pone en boca de varios personajes la palabra “Higuerilla”, refiriéndose siempre con ella a los calabozos de la policía. Concretamente, y sigo un ejemplar editado por Espasa Calpe, colección Austral y publicado en enero de 1986, en la pagina 45, Currito, un personaje fugaz de la novela, picado por las pullas que recibe, se encara con el protagonista, Quintín, y le señala los lugares donde es de sobra conocido, entre otros apunta la Higuerilla. También en las páginas 130 y 131, de esta misma edición, en la conversación mantenida entre Cornejo y Manano, este último borracho impenitente, manifiesta que ya no va con gusto a la Higuerilla, ya que antes allí le trataban bien, pero ahora sólo le dan agua y algún que otro estacazo de vez en cuando y, también, el fulano ese que huele mal… el armoniaco.


Es obvio que Higuerilla, escrito así, con mayúscula y “h” inicial por el novelista vasco, pasó a formar parte del lenguaje común, con la misma acepción que tenia en los grupos mafiosos, y que al vulgarizarse su uso en nuestra área lingüística, el fonema “h” inicial, mudo en principio, pasó a aspirarse y posteriormente a pronunciarse de forma velar, fricativa y sorda, esto es como el fonema consonántico “x”, pasando en su forma escrita de Higuerilla a Jiguerilla, ya que existe un desajuste escrito entre la forma sonora “x” y sus representaciones graficas “g” y “j”.


 Este origen semántico de nuestra entrañable Jiguerilla, sin duda, no es tan sugestivo como el tenido por cierto popularmente, y aunque la historia no tiene por que ser cruel e indiferente con la leyenda, no queda sino ajustarse a la realidad, por más que las alternativas ofrecidas a ésta sean mucho más atrayentes y cautivadoras.


Jesús Javier Redondo

miércoles, 23 de mayo de 2012

AVISO


Visto que este viernes coinciden los siguientes eventos:
Mercadillo medieval
Rallye Pozoblanco
Procesión Virgen de Luna
Partido de Fútbol de una Copa
Feria Turismo Villanueva del Duque
Feria de Córdoba
Se suspende sine die la observación astronómica prevista para el viernes 25 en el paraje de San Martin
hasta que los técnicos propongan otra fecha.

jueves, 17 de mayo de 2012

Visita a Segovia, Pedraza, La Granja y Ávila




Os invitamos a ver  una pequeña muestra de imagenes de la visita del pasado fin de semana a Segovia, Pedraza, La Granja y Ávila de los miembros de la Asociación Piedra y Cal.













lunes, 30 de abril de 2012

PASEO POR EL CIELO DE LOS PEDROCHES CON MANUEL BARCO



El pasado jueves día 26 de abril, en nuestra sede social, D. Manuel Barco, quien fue presentado al numeroso público asistente por su compañero y amigo D. José Luis González, nos invitó a acompañarle, siguiendo una sucesión espacial de sus trabajos de astrofotografía, en un interesante recorrido por el cielo que nos arropa bajo su manto nocturno en la zona de Los Pedroches.

 El conferenciante comenzó con un breve prologo, donde nos relató sus inicios en este campo científico, rememorando las variadas y anecdóticas circunstancias que le llevaron a afianzar lo que comenzó como una simple afición.

Luego, ayudándose con diversos gráficos, nos definió de una manera fácil y amena, las magnitudes que rigen el universo, tanto en volúmenes como en distancia. Magnitudes  que dejaron anonadado a más de un asistente, dada la  asombrosa grandiosidad del universo.


El Sr. Barco, avanzando en su viaje en espiral por el sistema solar, exhibiendo una muestra de sus propios trabajos astro fotográficos, continúo hablándonos de nuestro satélite y de cada uno de los planetas que conforman nuestro sistema, deteniéndose en cada uno de ellos para comentar sus particularidades  y analizar sus peculiaridades.




Desde luego, también nos habló sobre el  material técnico que utiliza en sus observaciones, del tipo de cámaras fotográficas que usa y de las industrias  y artes que debe emplear para conseguir esas maravillosas fotografías, de las que nos mostró algunos ejemplares. Sobre la marcha, D. Manuel proporcionó algunas indicaciones que  servirán de mucho, sin duda, a todos los principiantes que quieran adentrarse en el fascinante mundo de la astronomía.


Después de analizar los planetas que orbitan alrededor del Sol, el conferenciante siguió con unas explicaciones sobre fotografías del cielo profundo, esto es lo que está más allá del sistema solar y cuyas distancias son  o suenan aterradoras, ofreciéndonos unas  imágenes de una belleza ensoñadora  y asombrosa realidad.



Dio por terminada la conferencia  facilitando información sobre páginas y direcciones  de internet en las que se pueden hacer observaciones reales desde el lugar en que uno se encuentra y que servirán de mucho a todas aquellas personas atraídas por la materia.




El público, como era de esperar, abandonó nuestra sede muy satisfecho con la información recibida.

Lamentablemente, dado las previsiones meteorológicas, hubo de suspenderse la observación astronómica prevista para el día siguiente.  No obstante se decidió que se realizaría en la próxima fase propicia de la luna, esto es en el cuarto creciente, a finales del mes de mayo. Desde este blog se avisará con antelación para que aquellas personas interesadas puedan asistir sin dificultad.

jueves, 12 de abril de 2012

El cuento de la boda accidentada

Esta narración fue publicada en la revista de feria del año 1944


       A la salida del Sol fue descubierto un robo en la Iglesia de Santa Rita de un pintoresco pueblo Vizcaíno, situado en las inmediaciones de San Sebastián, habiendo desaparecido un precioso San Rafael y un artístico Cristo y destrozada la imagen de San Antonio.

Para efectuar el robo, los ladrones saltaron la tapia del huerto y trepando por una Higuera entraron por una ventana de la Sacristía.



          Aquella mañana acudieron a la misma parroquia Juan Torrico y Concepción de Gutiérrez, sencillos y Llanos paletos del lugar, que iban a contraer matrimonio, y sorprendidos por el suceso, ante el temor de que se les creyera culpables escaparon en un mulo Romo. Su preocupación fue tanta, que suponían que la guardia, abandonando su Cuartelejo, iba en su persecución. Tomaron la Carretera de la Estación, cruzaron la Avenida, y se internaron en lo más escabroso  de la sierra, recorriendo, para no ser vistos, una Encrucijada y una abrupta Ramblilla, constituyendo para ellos un Calvario tal viaje. Después de muchas horas de caminar, se ocultaron en un Barranco que la sed les hizo abandonar, hallaron una Fuente donde beber, y subiendo una Costanilla divisaron una aldeita compuesta por un Barrio Alto y otro Barrio Bajo donde existía un ruinoso Molino de Viento y un artístico Pilar que vertía aguas por hermosas Canalejas.


           Decidieron descansar y llevaron el mulo a los Herradores para herrarlo, pues había perdido en el Paseo la Herradura. Vivía allí, cerca de un Peñascal, un religioso amigo del Padre Tarin, con cara de Jesús, que tenia aspecto de Cronista, y fueron a visitarle. El novio que era muy Franco, le contó lo ocurrido aquella mañana, y el representante del Obispo rió la inocencia de aquellos infelices, les devolvió la tranquilidad, y se dispuso a casarlos. Juntos subieron después de Medio Día a una vieja ermita donde se venera la imagen de Santa Ana para ligarlos con las Cadenas matrimoniales. Al toque de campanas, acudieron los escasos vecinos, que, enterados del acontecimiento, se mostraron solícitos en ayuda de los novios; las muchachas entregaron a la novia, que parecía un Ángel, un ramo de las más lindas flores de la Rivera; Doña Ursula, una vieja ricachona, más mística que Santa Catalina, y un Nieto suyo llamado Bautista que tenia aire de Generalísimo, fueron los padrinos. Terminada la ceremonia, se dispuso un baile en honor de los desposados, debiendo celebrarse en un amplio Egido, pero como había llovido mucho los días anteriores, se desbordó un Arroyo y se hicieron tales Lagunas, que los  concurrentes hubieron de ocupar una calle Nueva y Empedrada. Los Herreros y algunos Alfareros que abandonaron el Tejar, fueron los encargados de divertir a la gente moza, en tanto que el novio, Garrido, obsequió con vino a los mozos que bebieron a su salud echando todos una Ronda, divirtiéndose, al fin  como un día de Feria.
           Por los padrinos se dispuso una cena en un Mesón que había en un Callejón Ancho, al que llamaban mesón de “El Chaparrillo”. Complacido y sonriente esperaba a la puerta el mesonero, ansioso como un León, pues tenia la manga muy Ancha, y se maravillaba del Fomento que iba tomando su casa. Preparó los mejores manjares y cogiendo agua de una Cañada que había detrás de un Cerro, bautizó el vino que después sirvió a los comensales perdiendo el rico licor su precioso Tinte.
           Al siguiente día, haciendo Castillejos en el aire, retornaban a sus lares Juan y Concepción, recorriendo de nuevo peligrosos Risquillos. Al llegar a su casa sintiose la joven esposa algo indispuesta por las incidencias del viaje; avisaron al Doctor Rodríguez que les visito a su Costa, pues no les cobró ni un Real por la consulta.


           Por los policías Pedrajas y Sepúlveda fueron detenidos los verdaderos autores del robo, hallándose estos en Prisión, y ya tranquilos y felices, se fueron a vivir a una Villa Nueva de Córdoba, empleados en la Portería del Ayuntamiento.
Pozoblanco, septiembre de 1944

R.A.C.

Nota:- Ha sido intención del autor del presente cuento, nombrar en el mismo las calles de la población. (Sic)

viernes, 16 de marzo de 2012

POZOBLANCO Y LOS ORÍGENES DE LA NAVEGACION AERONAÚTICA

ACCIDENTE DE GLOBO EN POZOBLANCO EN 1859

José Luis González Peralbo

Aunque las últimas investigaciones adelantan la fecha hasta ahora convenida sobre el primer experimento realizado con globos aerostáticos, es un hecho aceptado que los primeros en lanzar al aire un globo fueron los hermanos Montgolfier en 1783, en el pueblo francés de Annonay, en la zona sur-oriental del país vecino.
La iniciativa resultó todo un éxito y la noticia del acontecimiento corrió como la pólvora dando lugar, de inmediato, a numerosas otras experiencias, destacando los viajes tripulados primero por animales y enseguida por humanos.
El primer globo fue rellenado con humo. Después se utilizó aire caliente. Finalmente incorporaron el gas hidrógeno.
Con el tiempo, la navegación aerostática fue ganando partidarios pero a mediados del siglo XIX todavía no había conseguido resolver un peliagudo problema, el de dar dirección a los globos en los viajes aéreos. Profesionales de la física, aficionados y aventureros perseveraban y competían en diversos países con el fin de descubrir la piedra filosofal que resolviera tal inconveniente. Y España no se encontraba al margen de este objetivo.

En el mes de agosto de 1858 llegó a Sevilla un individuo de malas trazas y origen castellano que obedecía al nombre de Inocencio Sánchez y aseguraba haber resuelto tan obstinado interrogante. Como es norma en semejantes circunstancias, el sujeto tenía la idea pero carecía de la financiación necesaria para llevarla a efecto.
Tras mucho insistir encontró al mecenas protector que el asunto requería, don Augusto Jiménez Blanco, y éste convocó una junta integrada por el director y los catedráticos de la Escuela Industrial de Sevilla para que el inventor expusiera su tesis, cuya finalidad no era otra que proponer un medio de transporte más rápido y barato aún que el ofrecido por la línea ferroviaria que por entonces trataba de unir Sevilla con Córdoba (la línea ferroviaria se abrió al tráfico el 2 de junio de 1859).
No del todo convencidos los interlocutores, don Inocencio defendió la urgencia de crear una sociedad que aportara el dinero necesario y se convirtiera en beneficiaria del invento. Así se hizo. La suscripción quedó constituida con 400 acciones por valor de 10 duros cada una de ellas.
Para él no exigía sino un humilde salario de seis reales diarios mientras durasen las obras de confección del globo bajo su dirección. Con evidente susceptibilidad e ironía los periódicos de la época recogían alusiones a estos pormenores con estrofas como la siguiente:


Y comprende el menos ducho,
si es que yo no me equivoco,
que tal premio al sabio es poco;
si es jornal de un necio, es mucho

Comprobada la laboriosidad y la energía mostradas por el aparente pionero, los socios de la empresa acordaron mostrarse algo menos mezquinos y elevaron el estipendio hasta la cantidad de veinte reales diarios.
Aunque en la prensa las manifestaciones vertidas sobre el proyecto eran más bien escépticas, algunos apostaban -con dudas- por un feliz remate a tamaña osadía:


“No sabemos si la Providencia señala ya próximo el día en que se realice el gran descubrimiento que ha de llevar a los hombres a cruzar por los aires con la certeza que los marinos atraviesan las olas; descubrimiento que produciría un trastorno y unos resultados para la sociedad difíciles de apreciar antes de que suceda. Nosotros no nos atrevemos a calificar de visionarios a los que se consagran a ese invento y a los que los protegen. Tampoco abrigamos entera confianza en presenciar el feliz resultado de ese extraordinario esfuerzo de la inteligencia humana; pero aplaudimos sinceramente a todos los que protegen a los hombres de ingenio para cualquier clase de descubrimientos, porque esa protección dio a la España un mundo, adquirido con la gloria de la ciencia, y ha proporcionado su engrandecimiento a las naciones que hoy marchan al frente de la civilización…”
Transcurrió el tiempo. Don Inocencio se aplicó a la confección del globo y todos sus complementos: lonas, válvulas, cordeles, paracaídas y demás artefactos necesarios. La suma de gastos ascendió a más de 100.000 reales (cinco mil duros).
A finales de mayo de 1859 procedieron a rellenar el globo con 83.000 pies cúbicos de gas pero estaba tan mal confeccionado que la tela se había pegado en muchas zonas y al tratar de despegarla se hizo jirones provocando que el gas escapase.
Don Inocencio consiguió recomponerlo y se fijó como fecha definitiva para el ascenso la del 13 de junio de 1859. Así recogía los pormenores del evento la prensa sevillana y madrileña (El Porvenir y La España, entre otros):
“El globo de don Inocente Sánchez ha subido por fin; pero como ha subido!


Ayer 13 fue el destinado para la ascensión definitiva. A las ocho de la mañana empezó a llenarse el globo delante de la fábrica del gas, sita en la plaza de Armas, cuya operación terminó a las tres, empezando luego la de trasladarlo hasta la Calzada de San Benito o de la Cruz del Campo, en un jardín de la cual se ha construido el aparato de dirección.
Son las seis de la tarde y el globo hiende majestuosamente, en dirección de San Benito donde ha de colocársele el aparato; hasta aquí las cuerdas se han encargado de dirigirle; dentro de un cuarto de hora ya será don Inocente el que se ocupe de esta obra magna, en cuya confección tanto se ha trabajado.
En este trayecto, que equivaldrá a la tercera parte del perímetro de la ciudad, el globo se rasgó con los árboles de los paseos que atravesaba; echó al suelo las tejas y latas de unas casas de la calle Ancha de San Bernardo, y después de mil contratiempos llegó a San Benito.
Más de seis mil personas ocupaban los campos inmediatos al edificio. Un silencio solemne, sepulcral, se advierte en los espectadores, silencio que instantáneamente es roto por más de seis mil voces que prorrumpieron en una solemne carcajada de burla y desprecio al ver que el globo hendía majestuosamente los aires hasta perderse en el espacio, mientras que D. Inocencio Sánchez, con su máquina de dirección, quedaba en tierra, y los socios completamente chasqueados en sus cálculos… El globo se había escapado”.
En los días siguientes no se hablaba de otra cosa que no fuera la inocentada perpetrada, muy a su pesar, por don Inocencio Sánchez que acabó con sus huesos en la cárcel.
A finales de junio llegaban noticias fidedignas, aunque cada vez serían más exageradas y esperpénticas, de que el globo sin control había venido a caer en la sierra, más allá de Córdoba.
A estas alturas (del artículo) ustedes se estarán preguntando qué diablos tiene que ver Pozoblanco y su gente en el asunto. Sigan leyendo y lo comprobarán.
El periódico El Clamor Público, en su edición del día 2 de julio de 1859, se hacía eco de la fallida intentona e insertaba la siguiente crónica entre bucólica y estrafalaria que mostraba la peculiar aportación pozoalbense a los orígenes de la ciencia y la navegación aeronáuticas:



“Globo aerostático.
En casa de Francisco Quirós, vecino de Pozoblanco, en la provincia de Córdoba, existen los restos de un magnífico globo que el día 13, como a las seis y media de la tarde, tuvo su descenso en Sierra Morena, término de dicha villa y sitio que llaman el Badillo, distante cuatro leguas de la misma, entre Oriente y Mediodía.
Compónense de la máquina que le daba dirección, más de ocho arrobas de cordeles de pita, una hermosa cuerda de cáñamo de 52 varas, y todas las lonas que lo cubrían.
Hallándose rozando el Quirós en el referido sitio sintió un ruido espantoso que le hizo girar su vista en todas direcciones, si bien con la desgracia de no encontrar la causa productora. Pero llamándole altamente la atención el vuelo precipitado de los pájaros, la huida de las perdices y demás, levantó su vista y observó se le aproximaba un cuerpo monstruo que le hizo temblar, el cual, a muy corta distancia de donde él se encontraba, descendió.
Al día siguiente, y no atreviéndose a llegar solo a aquel sitio, llamó a uno de los guardas de aquellas posesiones de olivar para que le acompañase, y se presentaron cada uno con las armas que encontraron.
Llegados que fueron, dieron voces diciendo que saliese si es que había alguno dentro, y viendo que nadie respondía se acercaron y rompieron con sus navajas las lonas y cordeles, los que dividieron entre sí.
Este globo fue el que salió de Sevilla el mismo día 13 a las cinco de la tarde; de modo que gastó hora y media en andar un espacio de más de treinta leguas”.
Conocido el lugar del aterrizaje, uno de los componentes de la junta directiva de la sociedad propietaria del globo se trasladó desde Sevilla hasta Pozoblanco para hacerse cargo del artilugio. A mediados de julio se conocían nuevas noticias, con evidente exageración, sobre las gestiones emprendidas entre los tarugos:
“Ha regresado a Sevilla un individuo de la junta directiva de la sociedad formada para auxiliar a D. Inocencio Sánchez en la dirección del globo, de vuelta de Pozoblanco, con objeto de recoger el globo que, como saben nuestros lectores, había descendido en su término.
Auxiliado competentemente por el señor gobernador civil de Córdoba, con orden terminante para que el alcalde de aquel punto lo protegiese en el encargo que llevaba, tuvo el sentimiento de no poder recoger más que la válvula y unos pocos pedazos de tela, por haberse repartido entre los vecinos los demás como pan bendito, y hallando una resistencia tenaz a su demanda de entrega.
Todo cuanto se dijo respecto al miedo que produjo la máquina en su descenso, fue verdad; pues hasta uno de los trabajadores que lo vio caer fue acometido de un desmayo.
Armados de escopetas y hachas aquellos valientes se acercaron al día siguiente al globo, y persona hubo que quería llamar al cura para que a fuerza de exorcismos hiciera salir los malos que estaban dentro del pellejo, lo que indudablemente hubiera tenido lugar a no ser por uno que, más determinado, después de hacer la señal de la cruz, conjuró a los espíritus de que debería estar hinchado el dicho, y sin detenerse dio el primer golpe de hacha sobre la pobre víctima”.
Pese al grave revés sufrido, los socios y el inventor no estaban dispuestos a dejarse vencer y ese mismo mes de julio redactaron un nuevo contrato para continuar con el propósito. Pero el proyecto estaba herido de muerte y una noticia periodística fechada el 11 de agosto de 1859 daba fe del fracaso definitivo de la empresa:
 “¡Pobre don Inocencio! Se ha disuelto por falta de fondos la sociedad formada en Sevilla para ayudar a don Inocente Sánchez a resolver el problema de la navegación aérea”.
Aquí termina esta historia pero conste que hay otras varias anécdotas que relacionan a Pozoblanco con incidentes, y accidentes, de los primeros tiempos de la navegación aérea.