martes, 2 de mayo de 2017

Ermita de San Gregorio. Historia.


Este próximo fin de semana los pozoalbenses celebraremos las fiestas en honor de San Gregorio Nacianceno cuya ermita nos contempla desde hace siglos en su privilegiado emplazamiento junto a la salida natural hacia las vecinas localidades de Añora y Dos Torres. Será un momento propicio para disfrutar de las obras de remodelación de la glorieta recientemente finalizadas al igual que sucedió con el propio templo hace unos cuantos años.
Como tantas otras arquitecturas que forman parte de nuestro patrimonio histórico-artístico, se trata de un edificio que está a la vista de todos pero que muy pocos conocen realmente. Por ello es frecuente encontrarse en diversos medios con apreciaciones e interpretaciones ambiguas o poco atinadas sobre aspectos tan variados, y tan esenciales, como los concernientes a su datación y autoría. No es una cuestión que deba preocupar especialmente, salvo a los muy interesados, pero creo que es imprescindible aclarar y precisar algunos pormenores para evitar que entidades o personas desinformadas puedan lanzarse a la toma de iniciativas y celebración de efemérides que no se corresponden con la realidad y, a la postre, hasta terminen por resultar embarazosas. Y es algo que puede suceder pese a la indudable buena voluntad, el cariño y la sana intención que ponen en ello los protagonistas que las alientan.

La construcción de la ermita de San Gregorio fue planteada en 1603. Las obras comenzaron al año siguiente y continuaron muy lentamente y con numerosos problemas durante tres décadas, incluido el derrumbe de una de las arcadas en 1629 y su posterior sustitución. En 1609 ya estaba el edificio en alberca –cimentación e inicio de la construcción de los muros del perímetro- pero ese año hubo que cambiar de maestros canteros y durante las dos décadas siguientes multitud de fuentes  -inclusive las procedentes de actas municipales- certifican que las obras no avanzaban e incluso se deterioraba y desmoronaba lo hasta entonces levantado (algunas de estas fuentes, pertenecientes a 1621 y 1625, fueron trascritas por García Herruzo y Carpio Dueñas).
A finales de 1629 la obra cobra nuevo impulso, realizándose los convenios y contratos para asegurar y levantar algunas de las arcadas pendientes o dañadas y para proceder a cubrir el edificio con la madera necesaria para la techumbre, obra que continua en 1630. Y en ese mismo año se comienza a solar la ermita con ladrillos. En 1632 y 1634 se instalan las lámparas de bronce. Y poco después se levanta la celda para que la habite el futuro santero a designar. Todavía en los primeros años de la década de 1640 se está amueblando el edificio.  Y en 1645, por primera vez y de modo inusual, los representantes de las Siete Villas celebraron reunión en la flamante y posiblemente recién inaugurada ermita.

En cuanto a la imagen del santo, ya existía una desde el siglo XVI en la iglesia de Santa Catalina, imagen ubicada en el altar dedicado a la Virgen del Carmen en la parroquial, ocupando una jerarquía secundaria. Una vez decididos los pozoalbenses a erigirle una nueva ermita, en la iglesia parroquial tuvo el santo que esperar pacientemente a que finalizaran las complicadas e interminables obras de edificación de su propia casa. Esta imagen primitiva fue sustituida a principios del siglo XX debido a su deteriorado estado de conservación. La nueva imagen apenas sobrevivió tres décadas pues fue destruida con motivo de la última guerra civil. La actual fue adquirida tras finalizar la citada contienda.
Los promotores, autores y contratos de las obras así como los donantes y cuantías de las limosnas y otros muchos pormenores de la evolución histórica de esta ermita están recogidos en el estudio detallado que realicé para la cofradía de San Gregorio en 2009 y fue publicado en un número especial de su revista, estudio al que pueden acceder AQUÍ
Celebremos pues estas entrañables fiestas dedicadas a San Gregorio, la denominada feria chica de Pozoblanco, con el deseo de que futuras generaciones puedan disfrutar de un edificio que tuvo sus orígenes constructivos en 1604 y no fue concluido e inaugurado hasta aproximadamente cuarenta años después.

José Luis González Peralbo



miércoles, 5 de abril de 2017

CONFIGURACIÓN DE LA SEMANA SANTA EN POZOBLANCO

Siguiendo a Juan Aranda Doncel podemos inferir que el nacimiento de la Semana Santa local está vinculado a la Cofradía de la Vera Cruz, cuya fecha de constitución en la parroquia de Santa Catalina desconocemos. No obstante, muy probablemente se llevaría cabo en las décadas centrales de la centuria del quinientos, esto es en pleno siglo XVI, durante la etapa del gobierno del Obispo Leopoldo de Austria, al igual que se constituyeron la mayoría de hermandades de este título en el ámbito diocesano.

Las visitas generales (AGOC.Pozoblanco.1611) documentan la existencia de la hermandad penitencial con anterioridad al verano de 1579.

Las contribuciones de los hermanos constituyen la principal fuente de recursos de la Cofradía de la Vera Cruz. En el momento de ser admitidos pagan una cuota de entrada y una pecha fija, las rentas sobre los bienes patrimoniales representan una exigua cantidad en sus ingresos.




Una parte importante de los recursos de la cofradía se destina a sufragar los gastos de la estación de penitencia en Semana Santa y a otros actos de culto que se celebran a lo largo del año.
El principal acto que realiza la Cofradía de la Vera Cruz de Pozoblanco es la estación de penitencia del Jueves Santo, que sale de la parroquia de Santa Catalina y recorre las principales calles de la villa. El cortejo procesional está integrado por los hermanos de luz con cirios encendidos que se intercalan con los hermanos de sangre o disciplinantes. También forman parte de la comitiva el estandarte, las imágenes y el acompañamiento del clero secular.
A través de cartas dotales conocemos que el hábito penitencial de los cofrades de la Vera Cruz es una túnica y capillo de color blanco. La utilización de capillo en vez de capirote viene confirmada por diversos inventarios de bienes conservados.
La imagen titular de la hermandad de la vera cruz de Pozoblanco es un Crucificado que se venera bajo la advocación popular de Crucifijo, tal y como lo prueban las cuentas dadas al Visitador General enviado por el Obispo en 1611. Esta talla recibe culto en uno de los altares de la parroquia de Santa Catalina.
La Semana Santa pozoalbense,  a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI gira en torno a la Cofradía de la Vera Cruz, la única penitencial existente en la villa. Los oficios del Jueves y Viernes Santo revisten bastante solemnidad en el templo mayor de Santa Catalina, donde se levante un artístico monumento.
Los lienzos con motivos de la Pasión que se muestran en los actos durante este tiempo “y que están en la iglesia en quadros”,  fueron pintados por el dorador Juan de Molina, artista residente en Almodóvar del Campo.


Con la fundación de la cofradía de Jesús Nazareno en la primera década de la centuria del seiscientos, la Semana Santa local se configura de forma definitiva. Los ejes vertebradores son la Hermandad de la Vera Cruz y la susodicha corporación nazarena que realizan sendas estaciones de penitencia en la noche del Jueves y en la mañana de Viernes Santo respectivamente.

El esquema quedaría completo con la cofradía de la Soledad de Nuestra Señora, que se encargaría de sacar la procesión del Viernes Santo por la noche, participando de esta manera en las representaciones pasionistas. Aunque la expresada Hermandad no llega a instituirse en la villa hasta el año 1929, sí que está documentada en el último tercio del siglo XVII la imagen de  una virgen de la Soledad que se venera en una capilla de la entonces única parroquia.

Las hermandades erigidas en honor del Nazareno introducen aspectos originales y novedosos, quizás el más llamativo sea la aportación de una penitencia distinta a la que se venían practicando, durante el recorrido procesional en la madrugada del Viernes Santo, pues los penitentes irán descalzos con pesadas cruces de madera sobre los hombros a imitación de Cristo camino del Calvario.

Las hermandades de Jesús Nazareno, al fundarse con posterioridad al año 1563 asumen las directrices del Concilio de Trento y pueden considerarse hermandades propias de la contrarreforma.

A lo largo del siglo XVII y primera mitad de la centuria siguiente la procesión del Viernes Santo de las cofradías de Jesús Nazareno se impregna de la exuberante estética del barroco, llegando a deslumbrar  a las personas convocadas para este espectáculo religioso que tiene al mismo tiempo una firme finalidad catequética.

La fastuosidad se logra mediante la introducción de unos elementos que rompen la sobriedad que hasta el momento han ofrecido las estaciones de penitencia en las últimas décadas del quinientos. Es ahora cuando se incorporan a las procesiones los trompeteros y también los tambores que abren los cortejos, Esta innovaciones son acogidas con agrado por los devotos, a pesar de las reticencias que oponen los sectores más conservadores,  y se termina acentuando la espectacularidad de las estaciones de penitencia con la anexión de soldados romanos o sayones a la comitiva  e intervienen en las escenificaciones pasionistas integrantes en el llamado Sermón del Paso.



La estructura del Sermón del Paso presenta un esquema muy parecido en las distintas localidades cordobesas normalmente se inicia con la escenificación de la expulsión del paraíso terrenal de Adán y Eva al cometer el  pecado original, le sigue el sacrificio de Isaac y a continuación distintas secuencias de la Pasión.

Las representaciones del Antiguo y Nuevo Testamento corren a cargo de personajes caracterizados con vestidos y rostrillos de cartón, también intervienen las imágenes de Jesús Nazareno, Dolorosa, San Juan,  Santa María Magdalena y la Verónica.


Una parte esencial del Sermón del Paso es el recitado en forma de pregón de la Sentencia de Pilato, la del Padre Eterno y la de la Confortación del Ángel. La primera, conocida con el nombre de sentencia mala, se contrapone a la buena, es decir, la que pronuncia el Padre Eterno, que contiene como mensaje esencial el sentido de la pasión y muerte de Cristo: liberar al género humano del pecado.

La estación de penitencia de la cofradía de Jesús Nazareno  de Pozoblanco experimenta asimismo durante el siglo XVII y primera mitad de la centuria del setecientos un proceso de barroquización, aunque en menor intensidad que en las localidades cordobesas situadas al sur de la línea fluvial del Guadalquivir.

Los rasgos de la imagen de Jesús Nazareno procesionada en nuestro pueblo se inscriben en la estética barroca que se acentúa con la corona de espinas y tres potencias de plata.



Una cuadrilla compuesta por una docena de hermanos es la encargada de portar a hombros, en unas andas de madera doradas, a Jesús Nazareno a lo largo del recorrido de la estación de penitencia.

La procesión pozoalbense de los nazarenos en la mañana del Viernes Santo lleva desde su origen una Dolorosa que cierra el cortejo. Aunque las fuentes documentales son bastante parcas, creemos que sería la Virgen de la Soledad, venerada como ya hemos dicho, en uno de los altares del templo parroquial de Santa Catalina en la centuria del seiscientos.

A partir del segundo cuarto del siglo XVII se incorporan dos nuevos pasos que refrendad el proceso de barroquización que experimenta la estación de penitencia: San Juan y la Verónica, introducción que hay que relacionarla con las representaciones de la pasión que se introducen en distintos puntos de recorrido procesional
Las fuentes del archivo histórico de la hermandad pozoalbense de Jesús Nazareno aportan una cumplida información acerca de las insignias y atributos que forman parte del cortejo procesional, destacando de entre ellas una cruz guiona, el estandarte de Jesús y el estandarte de la Sentencia

En la mayoría de las localidades cordobesas el Sermón del Paso se desarrolla de manera seguida en una plaza o espacio abierto  y céntrico, a la salida o a la mitad del recorrido de la procesión.

Sin embargo, en Pozoblanco al igual que en Montilla y en otras localidades, las representaciones se distribuyen en distintos puntos del itinerario procesional.


Moreno Valero en su libro Semana Santa de Pozoblanco,  nos indica los lugares en los que se representan las secuencias de la Pasión. Los sayones armados escenifican el Prendimiento en el Pozo de Ánimas y en la Plaza se levanta un tablado, donde se lleva a cabo el Lavatorio y posterior Sentencia de Poncio Pilato. Las Niñas de Jerusalén (a las que hacen alusión las reglas de 1679 y representan a las mujeres que se acercan a consolar al Redentor en el camino de la Amargura), se acercan y arrodillan ante Jesús Nazareno en la calle Real y el encuentro con la Verónica se produce en la plazuela del Cano. En las afueras del casco urbano se escenifica  el pasaje del aviso de San Juan a la Virgen  y el encuentro de ambas imágenes con el titular. Por ultimo al llegar la procesión al Molino de Viento los sayones se sorteaban la túnica de Jesús.

En el inventario de la cofradía de 1741 se registra “una túnica de color musgo que es la que sortean los Sayones”
El grueso del cortejo procesional lo forman los penitentes que visten túnica y capillo de lienzo morado, llevando sobre sus hombros una cruz de pino. Forman también parte del cortejo los hermanos de luz que suelen ir delante de los pasos alumbrándolos con cera, los hermanos encargados de regir la procesión con sus báculos y los demandantes, que van recogiendo en bacinetas los óbolos que depositan los vecinos a lo largo del recorrido. Por último, y detrás de los pasos, la cruz y clero parroquial.

El racionalismo de la Ilustración desencadena un enfrentamiento con las manifestaciones de religiosidad popular de corte barroco, que gozan de un fuerte arraigo en la población. Así los actos de Semana Santa sufren mutaciones acusadas como consecuencia de las medidas adoptadas por los prelados de la diócesis cordobesa, que pretenden suprimir formas tradicionales consideradas irreverentes  y contrarias a un fervor autentico.

La cofradía de Jesús Nazareno pozoalbense, a pesar de las continuas prohibiciones de signo ilustrado promulgadas por los prelados, mantiene durante el siglo XVIII una fuerte impregnación barroca, si bien los edictos episcopales quedan sin efecto, debido al rechazo de los miembros de la corporación nazarena  y la complicidad tacita del clero local.


El resto, y a partir de los comienzos del siglo XIX con la publicación del reglamento del obispo Pedro Antonio Trevilla, hasta los altibajos de  la primera mitad del siglo XX y posterior resurgimiento, es historia reciente.


lunes, 13 de febrero de 2017

PIEDRA Y CAL EN EL CAMINO MOZÁRABE DE LOS PEDROCHES A SANTIAGO





El pasado jueves día 9 de febrero, pudimos escuchar a D. Isidro Rodríguez Rodríguez, Presidente de la Asociación “Amigos del Camino de Santiago-Camino Mozárabe” en Córdoba, en la conferencia  titulada el camino mozárabe a Santiago desde Andalucía. Origen y actualidad.



El sábado siguiente como actividad complementaria de la conferencia, con la asistencia de un nutrido número de participantes se recorrió el trayecto del Camino Mozárabe en Córdoba que va desde Villanueva del Duque hasta Fuente la Lancha.


Los participantes pudieron sellar sus credenciales de peregrinos  en los puntos de información al peregrino instalados en las citadas poblaciones.


Para acabar el día visitamos el alberge de peregrinos de Hinojosa del Duque y su Museo Etnológico, visita muy recomendada, ya que cuenta con una gran cantidad de objetos expuestos  y amplia documentación sobre los mismos.


  




jueves, 19 de enero de 2017

LA CASA TRADICIONAL LOS PEDROCHES


        
            Tiene una planta rectangular, y un amplio pasillo central a cuyos lados se sitúan las habitaciones. A cada par de habitaciones emplazadas frontalmente a ambos lados del pasillo se les da el nombre de “cuerpos”.


            Así, las casas más frecuentes y tradicionales suelen contar normalmente con tres cuerpos aunque existen, desde luego, casas con mayor y menor número de estos cuerpos.

            En las casas de construcción antigua, la distribución es muy sencilla y se articula en torno al pasillo central. A cada uno de sus lados se colocan las habitaciones, pero en la estancia central del lado derecho se instala una amplia cocina con una enorme chimenea de campana, aunque donde se solía cocinar, curiosamente, era en la cocinilla, dependencia situada por lo general en el patio y detrás de la cual se hallaba el corral con el retrete, el gallinero y la cuadra.
 


            Sobre la planta baja se alza la cámara, de escasa altura, sostenida por cuatro gruesos pilares interiores y dividida su planta en trojes. Se utilizaba indistintamente  como despensa o almacén de cereales. Se accedía a la misma por una escalera interna, situada generalmente sobre la última habitación del lado izquierdo de la planta baja según se entra en la casa.
           

            En la fachada exterior, completamente encalada, se sitúa la portada, formada por cuatro grandes bloques de piedra de granito, correspondientes al dintel, las dos jambas laterales y el batiente de aguas, que por aquí se le dice “el batior”.


            A cada lado de la portada se dispone una ventana y en la parte superior, correspondiente a la cámara, se hallan generalmente otras tres ventanas de tamaño reducido, o una sola en casas más pequeñas o de menor altura.
           

            En las casas más antiguas, el pasillo constituye una especie de vereda central, empedrada, para facilitar el paso de animales de labranza, y se bordea el mismo con bandas laterales de toscas baldosas.
 


            El tejado está construido con vigas de encina y con un entramado de espesos palotes, de madroño  o caña, llamados tiguillos, sobre los que se colocaban  capas de jara y barro y finalmente las tejas de tipo  árabe.

            A partir del siglo XIX, la separación entre la planta baja y la cámara se realiza empleando bóvedas de cuatro aristas, en el pasillo y en todas las habitaciones.

            Desde los años sesenta del siglo XX, la vivienda tradicional está experimentando una profunda transformación y renovación, cambiando su antigua función eminentemente agrícola, modificando su disposición para hacerla más utilitaria, mejorando sus condiciones higiénicas y su comodidad interior.


De un trabajo de Juan Castro García