lunes, 22 de abril de 2013

ROTUNDAMENTE: SÍ


 Esta afirmación es la respuesta a la pregunta que se proponía en la mesa redonda que se celebró este pasado jueves, 18 en el Auditorio del Recinto Ferial de Pozoblanco



Si que hay futuro para Los Pedroches, y lo hay porque, afortunadamente, contamos con personas como María Dolores González Arévalo, Juan Rafael Leal Rubio, Juan Diego Cabrera Martínez, Antonio García Muñoz, Ángel Blanco Velasco y Antonio Manuel Caballero Sánchez que asumen su compromiso ciudadano sin veleidades y saben encarar las dificultades con serenidad pero también con el suficiente arrojo.



Hay futuro para Los Pedroches, puesto que, además de los propios recursos naturales, poseemos un potencial humano increíble, y esto quedó demostrado en la calidad del público asistente, que  con su presencia e intervención, manifestó una implicación sensata y coherente en los problemas que afectan a nuestra comarca, a la vez que no desdeñaban su involucración en las posibles soluciones propuestas para el avance social y económico de Los Pedroches.




Por vuestra participación, a todos vosotros, desde Piedra y Cal os damos las gracias.






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martes, 16 de abril de 2013

MESA REDONDA ORGANIZADA POR PIEDRA Y CAL





Desde la asociación Piedra y Cal somos conscientes de que el tejido asociativo comarcal debe asumir su compromiso con el desarrollo y progreso vinculado a las expectativas sociales y económicas de Los Pedroches, por ello y aun considerando que nos desviamos de los objetivos específicos que persigue nuestra asociación, hemos considerado de interés general reunir a diferentes personas de nuestra entorno y con suficiente experiencia en los distintos ámbitos socio-económicos, para que partiendo desde un análisis previo, aporten sugerencias e ideas para un completo desarrollo de las posibles vías de progreso que beneficien a nuestra Comarca.

En la puesta en común se trataran los siguientes temas:

- Infraestructuras necesarias para lograr un mejor desarrollo.
- Sectores básicos en la economía comarcal a los que se debe impulsar y consolidar.
- Desarrollo urbanístico, influencia en el sector económico,                       
- Polígonos industriales, armonización con el patrimonio histórico.
- Desempleo, fomento de la creación de empleo, autoempleo,  cooperativismo, incorporación del sector de población por edades y sexos al mercado laboral, cuestión demográfica.

La
Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico
“Piedra y Cal”
y en su nombre, el Presidente

Se complace en invitarle a la  MESA REDONDA

los Pedroches ¿Hay Futuro?

-Un análisis sobre las expectativas socio-económicas de nuestra Comarca-

INTERVIENEN

D. Ángel Blanco Velasco 
         - Presidente Asociación de Universitarios de Los Pedroches
D. Antonio García Muñoz
         - Presidente ADEPO
D. Juan Diego Cabrera Martínez
         - Arquitecto
D. Juan Rafael Leal Rubio
         - Vicepresidente COVAP
Dª. María Dolores González Arévalo
         - Gerenta  Grupo de Desarrollo Rural Los Pedroches



MODERA
            D. Antonio Manuel Caballero Sánchez


Jueves 18 de abril de 2013  a las 21 horas en el Auditorio del Recinto Feria de Pozoblanco



martes, 2 de abril de 2013

UN PASEO POR LA CALLE EL TORO -2-

A la derecha, el segundo tramo se iniciaba con varios portones de servicio de casas de la calle Dr. Rodríguez Blanco a los que seguía la espartería de Rafael Muñoz, otro artesano que junto a su hijo del mismo nombre cumplía el horario laboral con puntualidad inglesa; en el mismo edificio y comunicándose ambas actividades, había un bar atendido por su hijo Antonio en el que se instaló la Peña Taurina.  Esta casa con el característico olor a esparto, en la  que también se cultivaba la cría de canarios y de gallos ingleses, traen a mi memoria infinidad de horas vividas junto  a mi padre, socio fundador de la Peña y secretario de la misma muchos años, disfrutando con él la afición a  los toros.

Seguía la tienda de Gerardo Muriel, al que le conocí distintos negocios; el Tinte de la Viuda de Arturo Rey, que atendía junto a sus hijos; la Sastrería Vioque; más puertas de patios, uno de lo cuales pertenecía  a la Parroquia de Santa Catalina, en los cuales se construyeron nuevos edificios donde se abrieron las tiendas de Los Pañeros y los hijos de Rafael Dueñas; y antes de llegar a la esquina de la calle Sacristía en la que asistí a la escuela de D. Camilo, estaba la barbería de Manolo y la casa de las Peralbo  en las que se instaló la Caja Provincial.





En la otra esquina de la confluencia con la calle Sacristía, a continuación de la casa de Rafael Ruiz, se encontraba la Confitería de Moisés Domínguez “El Chairo” que tenia también allí su vivienda. Haciendo un inciso, quiero resaltar los valores humanos de todos los componentes de esta familia; su casa, y no me estoy refiriendo a la que concernía a su negocio, era centro de reunión  de las numerosas pandillas de amigos de sus cinco hijos y estaba abierta para cualquiera de ellos; allí nunca importunaban las visitas y siempre encontraba   un  talante   alegre, familiar, cercano  y cariñoso tanto en los padres como en cualquiera de los hijos. Me honro en haber disfrutado de la amistad de todos.

Le seguía  un gran tramo de la calle hasta llegar a la siguiente esquina, ocupado por dependencias de lo que llamábamos El  Palacio, del que recuerdo unos enormes portones a través de los cuales se dejaba ver un gran patio, flores, cocheras y otras dependencias. En esta casa, junto a otras personas, vivía el popular Manene, un tipo singular de especial gracejo que había sido torero bufo y que fue muchos años asesor del presidente en la plaza de los toros.

En la acera de enfrente, una vez pasada la Costanilla del Risquillo, estaba la escuela de niñas de Doña Mercedes a la que seguía la frutería de Braulio Pasadas y el estudio fotográfico de Ismael , artista que se podía ver a  través de una ventanilla que había entrando a un pequeño vestíbulo a la izquierda, retocando y perfeccionando fotografías. Continuaba la farmacia de Viuda de Vargas que era atendida por los hermanos Modesto y Miguelito Villareal, llegando así a la confluencia de la calle José Estévez tras la que se iniciaba el último tramo de la calle.

Empezaba la última manzana de la calle con el taller de reparaciones de radio de Manuel Fernández Aranda al que estaba unida la tienda de Tejidos Baena desde la que pregonaban con potente voz sus mercancías, continuando la droguería y perfumería de los hermanos Demetrio y Tomás Cardador que era atendida por ellos y por los hijos de ambos, los varones se encargaban de la droguería  y elaboración de pinturas mientras que la sección de perfumería  estaba a cargo de Elvira y Pepa, guapas y hermosas mujeres, siempre alegres, risueñas, atentas y de agradable trato.





Venía después lo que había sido albardonería del Pichón trasladada posteriormente algo más arriba de la calle como se ha descrito y unos portones en los que hubo  una carbonería y un local en el El Fárrago tuvo un puesto de caramelos, pipas, altramuces, etc.… En todo este conjunto se hizo un único edificio en el que se instaló el despacho del matadero de La Salchi que había sido comprado por D. Bartolomé Torrico Martos.

Antes de llegar al final estaba la Imprenta fundada por Pedro López Pozo, un referente en la vida cultural de Pozoblanco, después atendida por su hijo Pedro López Cabrera; la actividad de esta casa ejerció siempre en mí un influjo especial; la visité infinidad de veces con mi padre que siempre hablaba de temas culturales con Pedro y en ella veía trabajar como linotipista a mi entrañable primo Eduardo.

A la imprenta le seguía la papelería de Ángel López, hermano de Pedro, y se llegaba al final de la calle con la casa de Uldarico García que ocupaba toda la planta baja con gran tienda de pasamanería, artículos de regalo y ultramarinos.

 El último tramo de la acera de la derecha, se inicia con un local en el que estaba la oficina de arbitrios municipales al que seguía el taller de talabartería de Bartolomé Fernández  El Piri, instalado en una casa que tenia un pequeño patio de entrada tras una verja de hierro; a continuación la  barbería de El Lunita a  la  que seguían unos portones de la casa de la viuda de José García, la de los calzados de la calle Jesús, en los que, en tiempos del racionamiento, se formaban largas colas para adquirir patatas u otros vivieres.




Después, en un pequeño local, estaba la papelería de Placido López, un hombre que a pesar de su progresiva ceguera que llegó a ser total, siempre estaba de un excelente humor y del que era digno de admirar cómo localizaba por el tacto cada uno de los artículos que se le solicitaba. Continuaba el Bar las Tres Copas que, junto a su madre, atendían Tomas y Pepín que fueron excelentes jugadores de fútbol; una curiosa peculiaridad que siempre me llamó la atención de este establecimiento, es que a la puerta se colocaban en verano dos únicos veladores, que diariamente eran ocupados por los mismos clientes, fijos e invariables.

Venia continuación la Pastelería Ortega, de la  que Rafael y su hijo de mismo nombre que murió en plena juventud, eran los maestros artesanos que trabajaban en el obrador y Concha, la esposa, una mujer que vestía siempre un impecable delantal blanco de volantes, atendía al público con exquisito trato. Junto a la pastelería se encontraba el locutorio de teléfonos a cargo de Emilia y dos o tres operadoras más, todo el día manejando con soltura una maraña de clavijas de forma manual. En el siguiente edificio estaba la farmacia de D. José María Nosea y llegamos al final de la calle con el bar de Luís haciendo esquina con la calle Real, que sigue existiendo, en cuya puerta tenía su parada la Alsina Graells, que venia de Córdoba por la carretera de Villaharta y continuaba su recorrido hasta Almadén.

No quiero terminar mi recorrido sin recordar a dos personajes que todos los días al caer la tarde, se sumaban con sus peculiares y humildes negocios a dotar de cierto aire romántico y costumbrista a esta parte final de la calle. Eran El Isaías, con su ruleta para la rifa de tabaco y caramelos que producía un sonido inconfundible cada vez que un jugador la hacia girar, y  El Garbancero, con su espuerta de garbanzos tostaos, cuyo negocio consistía en cambiarlos por garbanzos cruos que él iba guardando en una talega cada vez que se producía alguna de aquellas humildes transacciones.

Con estos apuntes que he hecho, fiado a mi memoria por lo que es probable que haya incurrido en algún olvido y también en alguna imprecisión, quiero rendir homenaje a aquellas personas, las citadas y las olvidadas, que a lo largo de su vida contribuyeron con el día a día de su laboriosidad y creatividad artesana o mercantil y su talante de servicio, a hacer de esta calle un espacio abierto, vitalista y acogedor, del que todos los pozoalbenses nos sentimos orgullosos y, de alguna manera junto a ellos, también protagonistas de su sencilla y entrañable historia. Para todos ellos mi agradecimiento y esfuerzo.

Rafael Alba Redondo

martes, 19 de marzo de 2013

UN PASEO POR LA CALLE EL TORO -1-

D. Rafael Alba Redondo publicó, hace ya algunos años, en la revista de feria, un articulo en el que describe prolijamente la calle ahora conocida como Mayor en sus inicios, cuando comenzaba a configurarse como el eje comercial de Pozoblanco





Aunque las denominaciones oficiales que ha ostentado hasta hoy han sido Callejón de las Cañas, Avenida de José Antonio y Calle Mayor, en lenguaje popular siempre la hemos conocido por el de la Calle El Toro.

Desde niño, su boca de entrada por la parte alta que desemboca en  la carretera fue la primera contemplación visual que tuve cada día al salir de casa, ya que estaba justo frente a mi hogar paterno.

En las décadas de los años cuarenta y cincuenta, que las viví íntegramente en Pozoblanco, era espacio común para todos los pozoalbenses y foráneos que a diario visitaban la ciudad y se dirigían hacia el centro, deteniéndose muchos de ellos  en sus almacenes, tiendas, talleres o bazares, en busca de los artículos que necesitaban.
(…)
Cuando llegaba octubre cada año, una vez pasada la Feria, su espacio abierto y acogedor era convertido por los pozoalbenses en “Paseo de Invierno”, lugar de cita y expansión que se prolongaba en el tiempo hasta que con la llegada nuevamente del verano, la convivencia ciudadana se trasladaba al Paseo de la Estación.
(…)
Sacar agua, era la expresión utilizada para definir aquel ir y venir, calle arriba, calle abajo, encontrándote las mismas caras y las mismas gentes tantas veces como volvías a cruzarte con ellas, circunstancia que se repetía una y otra vez a lo largo de la tarde y de la noche.
(…)
Pero es que además de ejercer la función social de acogida siendo “sala de estar”  para todos los pozoalbenses, tuvo también siempre una gran incidencia industrial, comercial y artesanal como antes he comentado; más comercial la parte baja y más industrial y artesanal la mita unida a la carretera.

Una particularidad que puede dar idea de su actividad, es que eran escasísimas las viviendas en la planta baja de sus edificios, circunstancia que nos se daba, por lo general, en ninguna otra calle del Pozoblanco de aquellos años.
Hoy quiero refrescar mi memoria y hacer un recorrido por la Calle El Toro que conocí siendo niño, recordando rasgos de su fisonomía urbana y de la diversidad de su actividad, además de a algunos hombres y mujeres, muchos de ellos ya desaparecidos, que fueron artífices responsables de su pujanza industrial y comercial. Todos ellos, personajes insustituibles de aquel trozo de su historia.

Lo inicio en la parte alta de la calle, como si saliera de mi casa, en la que crecí junto a mis padres y hermanos, y que había  sido la de mi abuelo Pedro Alba, un luchador al que no llegué a conocer.

En la esquina izquierda estaba ubicada la fabrica de hilado, bayeta y mantas de Periquito Correa en la que varios artesanos se afanaban a diario entre telares y tintes; de ellos recuerdo a Andrés Fernández El Molleja  y a sus hijos Rafael y Antonio. En la otra esquina, la de la derecha, había un enorme solar en el que León Fernández había tenido su negocio de carbones y en el que posteriormente se construyó el Teatro San Juan y hotel del mismo nombre.

Continuaban por la izquierda varios solares, en uno de los cuales levantó su casa un valenciano llamado Gaspar Candel que instaló  en la planta baja el Bar Valencia. Seguían la Carpintería de Honorio, el aserradero de Pedro González y la calderería de Manuel Cardador, antes de llegar  a lo que había sido Hotel de Francisco Navarro y que se convirtió en el Teatro Cine San Fernando en cuya fachada, cada vez que había un estreno relevante, Benito, prodigioso artista del pincel, plasmaba su sensibilidad creativa en llamativas carteleras dignas de la Gran Vía madrileña; a continuación la casa de Antonio Dueñas y dos portones,  servidumbre de casas de labranza que tenían su entrada por la calle Demetrio Bautista. 


 Era muy irregular la alineación de las ultimas casas en este primer tramo de la calle, terminando la que hacía esquina en un gran chaflán hacia la calle que conducía al Risquillo con una única ventana, mirador estratégico en el que, tras los visillos, siempre había alguien viendo pasar a la gente.

En la acera de enfrente, a continuación del Teatro San Juan había un corralón, con gallinas y perros y un huerto en el que cultivaban verduras y hortalizas, en el que se levantó un nuevo edificio y se instaló el Taller Dorado. Unida a este, la casa y carpintería de Evencio que, con sus hijos, se dedicaba a la construcción de carros.

Recuerdo que en el patio tenían la fragua y el trono y que allí discurrieron muchos de mis juegos infantiles. Era tan buena aquella familia, que nos dejaban utilizar algunas herramientas enseñándonos lo fundamental de su manejo con los que nos ayudaban a despertar nuestra creatividad.

Lo seguía el almacén de ferretería y materiales de construcción de Pedro González al que acompañaba en su negocio su esposa Francisca, siempre impecablemente peinada y arreglada y a continuación otro solar, gran parte del año sembrado de forraje, en el que levantó casa para vivienda y consulta D. Heliodoro Cañas. Luego venia el taller de electricidad de Jaime Márquez  en el que trabajaba junto a sus cuatro hijos varones, excelentes profesionales que gozaban de gran prestigio. En aquel taller me embelesé muchas veces viendo embobinar motores y cómo, al salir una nueva ley de tráfico, instalaban las primeras intermitencias a los vehículos que hasta entonces habían carecido de estas señales luminosas. 


A este negocio le seguía un edificio con grandes salones, propiedad de Juan Cebrian al que apodaban El Vereas  en el que conocí múltiples negocios: salón de bodas, billares, zapatería, relojería, almacén de distribución de medicamentos, etc. Terminaba este primer tramo de la calle con el taller de Pedro el de las bicicletas, instalado en la esquina que era la parte trasera de la casa de las Obispas.

Pasado este primer cruce de calles, a la izquierda, existía un almacén de naranjas en una casa antigua que desapareció para construir un nuevo edificio en el que se instaló Confecciones Avenida. Seguía  a continuación la calderería de Teodoro Cardador, el almacén distribuidor de Tabacalera y varias puertas falsas, servidumbre de casas del Risquillo, una de las cuales, siempre abierta, dejaba ver un patio lleno de flores.

En uno de estos patios se instaló  El Noriego, recovero que también vendía pescado, y que levantó después un edificio que dedicó  a pensión. Luego, varias tiendas: Calzados Muca; una corsetería; la albardonería de El Pichón, de cuya saga era José Dueñas, tenor de privilegiada voz con el que tuve el honor de cantar muchas veces siendo niño en el Colegio Salesiano; la tienda de electricidad de Ismael Márquez; Tejidos Luís  Tormo y finalizaba este segundo tramo que hacia esquina con la Costanilla del Risquillo, con el taller y tienda de Los Marquitos, artesanos del calzado en cuya casa comprábamos los   chiquillos   gomas    para    las tiraeras.

(Continuará…)

lunes, 11 de marzo de 2013

Nuestro deber



El Cronista oficial de Pozoblanco, D. Manuel Moreno Valero, nos hace un pequeño obsequio para que podamos disfrutarlo todos.

Entre los libros del obispo Pozuelo y Herrero ha encontrado esta pequeña obrita escrita en las postrimerías del siglo XIX por el conocido como arcipreste viejo, D. Rafael Rodríguez Blanco.
Impreso y editado por la imprenta librería de Antonio Gosalbez Aura de Pozoblanco en 1881, trata sobre las reflexiones que los católicos pozoalbenses deben de hacerse ante las ruinas del templo parroquial de Santa Catalina, y lo que él considera como deber a asumir por cada cual ante tamaña adversidad.

Se lo presentamos en formato PDF que puede DESCARGAR AQUÍ
Que les aproveche.




lunes, 4 de marzo de 2013

PIEDRA Y CAL PARTICIPA EN EL PROYECTO REFLEJOS



Invitados por la Oficina de Turismo de Pozoblanco, nuestra asociación participará durante el próximo fin de semana de marzo  en el Proyecto Reflejos, propuesta organizada entre otras instituciones por la Universidad de Córdoba, la Diputación Provincial y los Ayuntamientos de Pozoblanco y Córdoba.

Nuestra asociación colabora aportando documentos y trabajos que serán exhibidos en las exposiciones que estarán expuestas al publico en la mañana de los tres días de duración de la muestra.

Se mostrara la colección de Estampas de un Pueblo, edición numerada y limitada del año 2002 y cuyos autores son nuestros socios Juan Bosco Castilla Fernández y Jesús Javier Redondo Herrero. Este conjunto de imágenes y textos nos ofrecen una visión particular de la condición peculiar taruga reflejadas a través de personajes que resultaron muy populares en su tiempo y  que fueron un ejemplo paradigmático del temperamento y naturaleza que define a los pozoalbenses.

También colaboraremos con una completa colección de carteles de feria que se rescataron para ser expuestos junto al cartel de feria del año 1901, Este cartel anunciador fue recuperado en su momento por el matrimonio formado por D. Antonio Romero Misas y por Dª. Rosalía García Olmo y cedido  posteriormente de forma desinteresa a esta Asociación, que se ocupó de restaurarlo a través de profesionales capacitados. Actualmente se puede admirar en la oficina de turismo pozoalbense.

Y para terminar, en estas exposiciones podremos, disfrutar de diversas obras de arte, creadas para la ocasión desde el Taller de Interpretación Artística del Patrimonio, actividad novedosa para este año que se oferta a los socios con inquietudes creativas. Se expondrán obras pictóricas firmadas por Concha Tirado y Teresa León, en las que se plasman diversos rincones y edificios emblemáticos de Pozoblanco.







 Imágenes:
- http://auco.fundecor.es
- http://www.puntoradiopozoblanco.com/